Su Obra
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De la colección Grandes Composiciones de la Música Clásíca “Robert Schumann”. Barcelona – España /2009 Editorial Sol 90,S,L.
Robert Schumann
Su Obra
Pese a que los románticos no le vieron como uno de sus pares, Robert Schumann ha pasado a la historia de la música como “el poéta del piano”.
Sus composiciones para teclado, expresión paradigmática del Romanticismo alemán, se asocian con todas las grandes figuras de la poesía germana vinculadas al Sturm und Drang (Tempestad e ímpetu).
Composiciones para Piano
Las piezas pianísticas estructurales en episodios fueron una aportación de Schumann. Estas composiciones, llamadas cuadernos, figuran como una colección de imágenes, personajes o estados de ánimo, expresados con tanta belleza como fugacidad.
La serie de cuadernos se inicia con Papillons cuyos episodios se inspira en Años de desenfreno, del poeta Jean Paul.
Le sigue Carnaval, cuyos fragmentos llevan nombres reales, como Clara Wieck o Frièdérick Chopin y ficticios, como Arlequín.
Otros cuadernos relevantes son Carnaval de Viena, Piezas fantásticas, Escenas infantiles y Kreisleriana.
Schumann, que sentía una gran animaversión por los métodos de estudio para teclado, se propuso entonces componer “estudios” dotados de inspiración y sensibilidad.
Fruto de esta intención fueron las dos series tituladas Estudios de Paganini, Op. 3, y Estudios sinfónicos, Op. 13. en manos de Schumann, el estudio se convirtió en una expresión de altísimo nivel.
Schumann también se ciño al esquema de la sonata, mucho más acotado y riguroso.
Lo hizo en tres oportunidades, y con un resultado excepcional.
Las dos sonatas escritas en la tonalidad de fa constituyen un claro homenaje a su esposa.
Aunque el compositor utilizó la forma clásica, en ellas bulle un espíritu apasionado.
En cambio, la tercera sonata, escrita en tres movimientos y en la tonalidad de do mayor, es abiertamente heterodoxa; Schumann sustituyó el tradicional Allegro finale por un inspirado y lento nocturno.
En la época romántica, y particularmente en Schumann, la unidad clásica de la sonata fue sustituida por una articulación más efímera, donde los movimientos, en su sucesión codificada (Allegro-Adagio-Scherzo-Allegro), se convirtieron en “momentos” de un desarrollo musical más ágil e inquieto.
Entre las obras para piano de Schumann sobresalen algunas piezas difíciles de clasificar, producto de su inspirada imaginación, como las llamadas Variaciones ABEGG.
Otra pieza única es la Tocata, Op. 7, seguida de los seis Intermedios, Op. 4 y de los Impromtus, Op. 5.
Música Sinfónica y De Cámara
Robert Schumann compuso cuatro sinfonías, a las que se suele añadir la obra sinfónica integrada por Obertura, Scherzo y Finale, compuesta en una época ya tardía.
Las cuatro sinfonías de Schumann dejan entrever la transcripción orquestal de una composición pianística. La Primera sinfonía, compuesta en 1841 y provista de un espíritu innovador, nació de una imagen muy concreta: el regreso de la primera.
La Segunda sinfonía data de diciembre de 1845.
Más sosegado y atento a las formas tradicionales aborda en el Lento un lirismo excelso. La Tercera sinfonía, terminada el 9 de diciembre de 1850, lleva el subtitulo de Renana, porque estaba destinada a la ceremonia de toma de posesión del arzobispo de Colonia, la importante ciudad del Rin.
La Cuarta sinfonía tiene dos versiones: la de 1841 y la de 1851.
Considerada como la más sugestiva, ofrece ideas musicales cíclicas, que aparecen, se esfuman y vuelven a aparecer, dotando a la pieza de un gran lirismo.
Schumann también se muestra eminentemente lírico en su música de cámara.
Tanto sus tres Cuartetos de cuerda como su Quinteto de piano en mi bemol mayor destacan por la expresividad de sus temas vocales.
Menos fortuna tuvo con los oratorios. El paraíso y los Peri y El peregrinaje de la rosa adolecen de excesiva uniformidad.
En el mismo género, abordó también el Fausto de Goethe, al que dedicó varios años de trabajo.
La fascinación de la obra le impidió abordarla en su totalidad, por lo que se limitó a algunas escenas, muy valoradas por los críticos.
El Mundo de los Lieder
Schumann dio un nuevo impulso a la tradición del lied.
Logró fusionar el lenguaje para piano más avanzado y sutil con las resonancias más íntimas y universales de la poesía.
En 1840, cuando dedicaba todas sus energías a su técnica pianística compuso la mayor parte de sus lieder.
Después de algunos lieder de juventud, Robert Schumann compuso cuadernos o ciclos de canciones.
El cuaderno Liederkireis, Op. 24, inspirado en poemas de Heinrich Heine, fue el comienzo de esta época brillante, confirmada inmediatamente por los lieder de Mythen, Op. 25.
En este ciclo, Schumann no sólo recurrió a sus admirados Goethe y Rückert, sino también a dos poetas ingleses muy admirados por los románticos germanos: Thomas Moore y Robert Burns.
En 1840, florecieron otros ciclos magistrales de lieder, como las canciones del Zwölf Gedichte. Op. 37, según textos de Rückert; el Lieder-kreis, Op. 39, basado en versos de adalbert von Chamizo, y Dichterliebe, Op. 48, sobre poemas de Heine.
Piezas Imprescindibles
Música para Piano
Mariposas, Op. 2
Esta suite para piano es uno de los mejores logros de Schumann en su meta por trasladar la literatura a la música.
Esta suite es su interpretación de la novela Flegeljahre, de su escritor favorito Jean Paul. 1831.
Carnaval, Op. 9
La mayor parte de la música que Schumann compuso para piano lo hizo durante los años de cortejo a Clara.
Carnaval es una de ellas, cargada de ardor y fantasía. 1835.
Kreisleriana, op. 16
Esta pieza en ocho movimientos está dedicada a Chopin, otro músico del romanticismo. La música representa al personaje de ficción Johannes Kleisler de las obras de E.T.A. Hoffmann. 1838.
Sonata núm. 2, Op.22
Destaca por su composición que la hace animada y transparente, aunque de una considerable dificultad técnica. 1835.
Música Orquesta
Concierto para piano y orquesta en la menor, Op. 54
Schumann compuso la primera parte de este concierto como un regalo para Clara dos años después de su matrimonio (1842).
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Tres después recuperó el mismo estado de exaltada felicidad para completar el concierto con dos movimientos contrapuestos, uno muy melancólico y un finale muy enérgico. 1845
Pieza de concierto para cuatro trompas y orquesta, Op. 86
Excepcional muestra de la originalidad de Schumann con el planteamiento de esta pieza para instrumentos de viento, en la que experimenta con los timbres y la composición de aires sinfónicos. 1849
Piezas fantásticas; Arabesco en do mayor; Escenas de niños
A lo largo de la década de los años 30 del siglo XIX, Robert Schumann produjo un conjunto extenso y exclusivo de música para piano.
En general, se trataba de series de pequeñas piezas de carácter en un solo movimiento agrupadas en ciclos con títulos como Piezas fantásticas, Op. 12; Arabesco en do mayor; Op. 18 o Escenas de niños, Op. 15.
Ello ilustraba también la inclinación del compositor por las alucinaciones de tipo literario y programático, tan habitual en sus primeras creaciones pianísticas.
Un planteamiento luces romántico, acaso ensombrecido por su deleite en escribir primero la música y luego el artículo.
En las Piezas fantásticas, cuyos títulos individuales de carácter programático difícilmente pueden interpretarse, parece dar rienda suelta a la imaginación.
Es una colección de ocho piezas para piano, compuesta en 1837, que se construye sobre frases de cuatro compases unidas para formar cinco módulos musicales bien definidos, que se repiten a modo de un rondó.
En el segundo número Aufschwung (”El vuelo”), hay cierta ambigüedad en los comienzos y finales de frase que recaen en la mitad de un compás.
Hasta los dos últimos compases no se tiene la plena seguridad de la tonalidad central de la obra.
El cuarto número Grillen (”Caprichos”), despide un aire de danza en tiempo ternario donde la sección central funciona como un trío.
Los cinco módulos musicales funcionan como bloques independientes que se repiten en su integridad y se pueden unir de delante hacia atrás o al revés. En el quinto número In der Nacht (”En la noche”), destaca un motivo persistente de 16 notas: un real y efectivo “moto perpetuo”.
El Arabesco fue escrito en Viena en 1838 y ocupa un lugar destacado como música de entretenimiento en el repertorio pianístico de Schumann.
Al parecer, el compositor alemán hizo este arabesco tan ligero y agradable de unos siete minutos de duración para ganarse el favor del público vienés.
Las Escenas de niños son un conjunto de trece piezas compuestas, al igual que el Arabesco, en 1838.
En ellas intenta plasmar sus recuerdos de infancia.
En principio, escribió 20 movimientos para esta obra. Al final se quedó solamente con 13 movimientos para la última versión y los agrupó bajo el título de Piezas fáciles.
En relación a los títulos de cada pieza, desde la primera Von fremden Ländern und Menschen (”De tierras y gentes extranjeras”) a la última Der Dichter spricht (”Habla el poeta”), observó que “son nada más que delicadas sugerencias para la ejecución e interpretación”.
En el título del último movimiento, algunos críticos creyeron ver algo más: el gesto de un compositor que por primera vez se daba cuenta de la autonomía del trabajo musical después del declive de las estructuras del patronazgo para músicos a finales del siglo XVIII y principios del XIX.
Sin olvidar tampoco la idea de la música como lenguaje.
Piezas descriptivas, emotivas y fáciles, pero no facilonas, las de estas Escenas de niño. Melodías de una gran simplicidad y fuerza dirigidas a los adultos.
Lejos de su intención el que fueran tocadas por niños.
Uno de los movimientos más populares es el séptimo, Trámerei, conocido como “Ensueño”, que atesora una interminable variedad de emociones y matices. Dio título a una película alemana de 1944 sobre la vida del compositor y música a “Canción de amor” (1947), una producción de Hollywood basada en la relación sentimental entre Robert Schumann y Clara Wieck.
Al final, las Escenas de niños quedaron reunidas en el Álbum para la juventud (1848), que incluye 43 piezas para piano y un prólogo con una serie de consejos dirigidos a los jóvenes.
Escenas del bosque, Op. 82
Entre 1848 y 1849, Schumann compuso nueve piezas breves bajo el título general de Escenas del bosque, originalmente acompañadas de una cita literaria que prefirió quitar a la hora de su publicación, muy parecidas en estilo y espíritu a las de las Escenas de niños.
Una obra en la que, según sus propias palabras, “no se pretende mostrar un bosque conocido por el compositor, sino los múltiples estados del alma en el marco de un bosque fantástico y misterioso”.
La mayoría de los títulos de cada movimiento está relacionado con el bosque y la caza. La Entrada al bosque se inicia de forma amable con la llamada de las tropas de caza. Simple y melódica resulta el de las Folres solitarias.
En cuanto al Pájaro profético, cuyo texto es parte de la letra del décimo lied del Liederkreis op. 39 (1840), despide aires de extrema delicadeza que desemboca en un espacio de fantasía. La Despedida final es una canción sin palabras.
Sinfonía núm. 1 en mi bemol, Op. 38 “La primavera”
Después de haber contribuido a organizar la presentación de la gran Sinfonía en do mayor de Franz Schubert (1797-1828) en 1839, Robert Schumann andaba encantado por las “extensiones celestiales”, frase redonda con la que había descrito aquella composición musical plena de romanticismo.
Tuvo que esperar al año 1841 para emprender una aventura similar con su primera Sinfonía en mi bemol, además de componer la primera versión de la Sinfonía núm. 4 en re menor, revisada y publicada diez años más tarde con el número de opus 120.
Pese a su inexperiencia en el género sinfónico, pudo completarla con notable éxito.
La sonoridad orquestal tan cargada, que sería común en otras obras posteriores, parece dulcificarse a veces con pasajes de texturas ligeras y destellos de colorido en las maderas.
Aparte de dominar “Primavera” a esta primera sinfonía fresca y enérgica, la intención del compositor era la de poner un título descriptivo a cada uno de los cuatro movimientos de su obra.
Al primero tenía pensado llamarle Despertar de la primavera.
En el epígrafe de la partitura hay un verso del poeta alemán Adolph Böttiger: “En el valle florece la primavera”.
Schumann dio vida a la Sinfonía núm. 1 en mi bemol a principios de enero de 1841, hizo un bosquejo inacabado en cuatro días, creó las partituras a finales del mismo mes y la tuvo lista ya a mediados de febrero.
El 31 de marzo fue estrenada en la Gewandhaus de Leipzig bajo la dirección del compositor alemán Felix Mendelssohn (1809 – 1847).
La buena aceptación que tuvo de parte del público pareció sorprender a Schumann.
Así lo reconoció diciendo: “La sinfonía me reportó muchas horas de alegría. Doy en ocasiones las gracias al espíritu benefactor que me permitió hacer una obra de esta importancia de forma tan fácil y con tanta rapidez”.
La introducción lenta al primer movimiento de “Primavera”, el andarte un poco maestroso, empieza con un tema grave en las trompas y las trompetas, muy parecida al comienzo de la gran Sinfonía en do mayor de Schubert.
El mismo Schumann dijo que “debería sonar como desde arriba, como una llamada para que el resto despierte”.
Luego viene el tema principal del allegro lleno de fiebre primaveral, seguido de otro tema con distintas resonancias.
El desarrollo se hace en forma de sonata, con repetición del tema principal, coda alargada y nuevo motivo para anunciar el siguiente larghetto.
Melodía de violines, violonchelos, arminías dulces. Aparece una nueva idea en trombones y fagotes hacia el Scherzo, construido con el rondó.
Un primer tema molto vivace en la cuerda y un segundo tema más lírico dan paso a dos tríos, uno luminoso, el otro oscuro.
Aquí se aprecian contrastes superficiales de colorido y material temático.
En el cuarto movimiento reaparece el primer tema de la introducción y entra un segundo tema suave. Hay cierta uniformidad y monotonía. En el finale enérgico irrumpe toda la orquesta como si fuera una ola de felicidad.
Sinfonía núm. 3 en mi bemol mayor, Op. 97 “Renana”
Para esta sinfonía en cinco movimientos, escrita en diciembre de 1850, Schumann tenía previsto el subtítulo siguiente: “Episodio de una vida a orillas del Rín”.
El compositor pretendía evocar el río y su entorno, tanto legendario como paisajístico. Una aproximación poética a la vieja Alemania.
Una obra dominada por los elementos populares. Mejor conocida por “Renana”, se estrenó en Düsseldorf, la misma ciudad donde hizo la partitura, el 6 de febrero de 1851.
En el viavace del primer movimiento toda la orquesta ataca de golpe el primer tema sin introducción alguna y con mucha energía.
La madera deja en el aire cierta melancolía en el segundo tema.
Al final, aumenta la vitalidad rítmica y se cierra el movimiento con un tutti poderoso.
El Scherzo, que mereció originalmente el título de Mañana en el Rín, está basado en una idea de música ligera.
Con una primera melodía de carácter popular, que tiene aires de danza, desarrollada por fagotes y violonchelos, apoyada por trompas y violines.
El tercer movimiento Tranquillo, un andante sin prisa, es un intermezzo en forma de lied’ que parece igualmente evocativo.
El maestroso, que tuvo el epígrafe de “A la manera de acompañamiento para una ceremonia solemne”, suprimido más tarde, describe el acto religioso en la catedral de Colonia en la que el arzobispo Johannes Von Geissel fue investido cardenal.
El movimiento empieza de forma solemne trabajando en contrapunto a base de trompas y trombones con apoyo de fagots, violonchelos y contrabajos.
Está construido sobre un solo motivo que va progresando melódicamente.
Se cierra con grandiosos acordes. El vivace final retoma la energía sinfónica del vivace inicial.
Despide mucha alegría popular y hacia la conclusión del movimiento vuelve el tema solemne del maestoso anterior.
Piú vivace resulta la coda, que recrea varios temas de la sinfonía y se cierra de forma brillante.
Concierto para cello en la menor, Op 129
Al poco tiempo de haber compuesto su Tercera sinfonía, la “Renana”, Schumann se sintió con fuerzas para hacer este concierto con la misma rapidez y alegría.
En dos semanas, del 10 de octubre al 24 de octubre de 1850, lo tuvo listo.
Un trabajo melódico en su totalidad, con el cello siempre destacado y la orquesta en segundo plano. Fue estrenado el 9 de junio de 1860, cuatro años después de su muerte, en el conservatorio de Leipzig con motivo de cumplirse el medio siglo de su nacimiento.
Los conflictos y contrastes se encuentran todos dentro de la línea solista. Opone un cello alto a un celo bajo, en lugar de poner al solista en oposición a la orquesta.
Las tres partes se encadenan sin interrupción.
El primer movimiento es un allegro en forma de sonata. Sobre la madera, el solista expone el primer tema con un periodo sereno y otro sincopado.
El ritmo del desarrollo acentúa la tensión dramática. La coda va decreciendo en intensidad hasta enlazar de forma natural con el tempo tranquilo del segundo.
El adagio es un lied en el que manda el cantabile del cello.
La transición al tercer movimiento no es tan sutil. Una breve melodía en solo del cello enlaza con el nuevo tema más enérgico.
En el vivace del final hay una cadenza con acompañamiento de la orquesta que corta la introducción del solista y agota sus posibilidades.
Álbum para la Juventud, Op. 68
Entre las numerosas obras para piano de Schumann compuestas con la intención de que las tocasen los niños, destaca sobre todo el Álbum para la juventud. Su origen se remonta a una primera agrupación de seis pequeñas piezas escritas probablemente en agosto de 1848, como regalo de cumpleaños a su hija María.
Un poco más tarde, se convirtió en un ciclo de 40 piezas que el compositor pensaba publicar bajo el título de Álbum de Navidad.
Finalmente, tras añadir tres nuevas piezas, borró el día navideño y en lugar colocó a los jóvenes.
Este álbum es un brillante ejemplo de la concepción didáctica del romanticismo. Aquí se puede apreciar el acercamiento de la música al alumno y su transformación en un objeto accesible desde el primer momento.
El compositor Robert Schumann ofrece un mundo de amplias posibilidades expresivas, escrito con un lenguaje sencillo que va haciéndose cada vez algo más complicado. La inmediatez del objeto de conocimiento es sin duda la clave para estimular el aprendizaje y la imaginación.
Las páginas del álbum están llenas de imágenes y emociones poéticas. La primera parte se encuentra dedicada a los más pequeños o principiantes y la segunda, que contiene piezas de mayor dificultad técnica, a los jóvenes adultos.
Humoreske, Op. 20
Entre las breves piezas de carácter escritas para piano que agrupó en ciclos organizados en la década de los años 30, la Humoreske presenta sus fragmentos musicales como un todo orgánico que suena entre risas y lágrimas.
El 11 de marzo de 1830, Robert Schumann envió una carta a su novia clara Wieck en la que mostraba su estado de ánimo y el de la obra:”En toda la semana apenas dejé el piano. Compuse, reí y lloré al mismo tiempo.
Escribí cien hojas en ocho días.
El resultado es Humoreske. Todo se encuentra en esta obra”. En otra ocasión, dijo que era “una síntesis de dos particularidades fuertemente presentes en la nacionalidad alemana, formada por una mezcla de exaltación del sueño y del humor”.
Aunque también reconoció que “mi Humoreske es poco alegre, acaso lo más depresivo que he escrito”.
En Humoreske, que debe ser ejecutada de seguido para revelar todo su contenido emocional, se agudizan los contrastes.
En ella se realza lo alegre en lo triste, lo grave en lo cómico, lo vulgar en lo excelso, lo profundo en lo superficial y al revés naturalmente. A menudo, varían el carácter y el acento de la composición. Las indicaciones de los tiempos en alemán van del “sencillo” inicial al “para incluir” definitivo, pasando por el “cada vez más veloz o el “con cierta pomposidad”.
Una obra poética donde brilla la voz interna de Schumann sobre un cuerpo de metamorfosis vestido de repeticiones, desarrollos un poco largos y confidencias íntimas.
Carnaval de Viena, Op. 26
De su estancia en Viena entre octubre de 1838 y marzo del año siguiente Schumann quedó fascinado por los recuerdo del carnaval del último año y así concluyó en 1840 una obra sinfónica para piano en cinco movimientos que tituló naturalmente.
Carnaval de Viena.
Nada que ver con su famoso Carnaval op. 9, completado en 1835, que presenta artificiosas variaciones de las texturas y los ritmos habituales en la música de danza para piano.
En el Carnaval de Viena el allegro inicial se abre a modo de rondó con un tema principal fuerte y seguro.
Hay diferentes episodios más ligeros y un guiño al himno revolucionario de la “Marsellesa”.
El lirismo se apodera de la romanza.
En el intermezzo brilla un tema principal apasionado y vibrante, típicamente romántico. El bullicioso final recrea el tiempo de carnaval bajo la forma de sonata.

